La noche de San Juan es la más corta del año, ya que corresponde al solsticio de verano, que marca precisamente el paso de la primavera al verano. Es una noche mágica, cargada de simbología, que se festeja desde muy antiguo. Los símbolos son una representación perceptible de una realidad, en virtud de rasgos que se asocian con esta por una convención socialmente aceptada.
El símbolo se caracteriza por su permanencia fija en el seno de una cultura. La cruz, por ejemplo, es símbolo del cristianismo, mientras que para los romanos era un instrumento de ejecución de esclavos. Así puede verse que el símbolo es colectivizado poco a poco por una cultura y que, inversamente, puede ser descolectivizado y adquirir un significado diferente.
El trasvase interlingüístico de las referencias culturales siempre supone un gran reto para cualquier traductor, ya que estas referencias culturales pueden llegar incluso a rozar la "intraducibilidad".
Ya comentamos por encima este tema en el número 1 de WordINK. Sin ir tan lejos, y volviendo a la realidad de nuestro día a día, la localización consiste en hacer que un producto sea lingüística y culturalmente adecuado al país e idioma de destino en el que será usado y comercializado. Se trata de la adaptación cultural del producto o servicio a los requisitos legales y socioculturales específicos del mercado objetivo. La localización conlleva, pues, la adaptación del producto a un determinado mercado mediante un proceso que va más allá de la mera traducción, ya que en este proceso deben tenerse en cuenta aspectos tan importantes como el uso coloquial y contemporáneo de la lengua y las sutilezas culturales del mercado en cuestión, como pueden ser, entre otras, las particularidades ortográficas y las diferencias en cuanto a símbolos, asociaciones de colores o incluso opciones de pago.
La globalización, actualmente ya un proceso prácticamente irreversible, se ha visto potenciada por numerosos hechos, entre los que destaca la revolución que ha supuesto Internet y la potenciación de la interconectividad empresarial y personal. Así pues, en un mundo globalizado, la localización de los productos se convierte en la clave del éxito a la hora de realizar negocios. Confiar en especialistas que puedan dar respuesta con agilidad a las necesidades de localización es vital para que la adaptación necesaria para satisfacer las necesidades locales se lleve a cabo con éxito. El inglés por sí solo ya no es suficiente. Hay que elaborar productos que den la impresión de haber sido desarrollados en el propio país donde se van a comercializar.
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